La diferencia principal entre una silla de trabajo y una silla ergonómica reside principalmente en los mecanismos de regulación, pudiendo personalizar mucho más una silla ergonómica, adaptándola 100% a nosotros.

En el trabajo de oficina pasamos muchas horas sentados en una silla, por lo que elegir una silla adecuada es vital en la prevención de futuros problemas de salud. Invertir en una silla ergonómica es invertir en salud.

SILLAS DE TRABAJO

En una silla de trabajo clásica la zona de apoyo de las nalgas es horizontal, paralelo al suelo, generando que la articulación de la cadera se coloque a 90 grados. Esto va a generar una posición con menos activación muscular.

Los mecanismos de regulación de las sillas son más básicos, siendo estos la inclinación de asiento, regulación de altura asiento y regulación de altura de respaldo principalmente.

SILLAS ERGONÓMICAS

En una silla ergonómica, la posición del asiento tiene una inclinación anterior con movimiento sincronizado de asiento/respaldo, de esta forma la articulación de las caderas forma un ángulo mayor de 90 grados. Así conseguimos que la posición sea de descanso activo, es decir que la musculatura está activada todo el tiempo que estemos sentados.

Al reclinarnos hacia delante/atrás la silla seguirá nuestro movimiento adaptándose a nuestro peso, la zona lumbar estará protegida por un soporte con regulación en altura.

Los brazos son regulables en altura, hacia delante/atrás, anchura y giro.

Los cabezales también son regulables en altura, anchura e inclinación, lo que ayudará a no sobrecargar la zona cervical y evitar tensión muscular.

El asiento lo regularemos en profundidad de manera que se adaptará perfectamente al usuario.

Como vemos, las ventajas de una silla ergonómica son claras frente a una silla de trabajo clásica, convirtiéndose en la mejor opción si vamos a pasar muchas horas sentados.